Ernestito

jueves 4 de septiembre de 2008

Ernestito

Claro, ya llevábamos tiempo sin que los radicales de la izquierda en su versión progre nos deleitaran con sus héroes de pacotilla, con sus bestias ensalzadas y adoradas por generaciones que jamás leerán la verdad sobre este ciclista argentino, cobarde hasta en su muerte, trapichero en sus andanzas y genocida por su enferma querencia a la destrucción. Unos, los más espabilados, lo llaman revolucionario. Otros, los más exaltados, lo adoran como a un Dios y en realidad no deja de ser una figura cómica, un pequeño personaje que decía luchar por la libertad de los pueblos y contra el capitalismo. Sus seguidores de hoy, muy progres ellos, compran la camiseta con la cara de este medio-simio en el corte inglés o en tiendas de moda. Muy revolucionaria esta manera de luchar contra el capitalismo. Incoherentes.

El ciclista cobarde argentino fue un asesino de masas, un escritor de muerte, un desastre como político y ni contar como ministro de la “liberada Cuba”. Y fue una mierdecilla toda su vida porque no valía nada, porque lo único que llevaba esa imagen de purero desarrapado era un criminal que bien se encargó de demostrarlo. Ernestito, la llorona en su muerte que pedía valor a los que él mandaba a la masacre; Ernestito, que masacró, expolió y luego huyó del Congo con el rabito entre las piernas.

Dicen las malas lenguas que entre sus virtudes, además de asesinar y robar, estaba la de ser maricón, `pero un maricón pederasta que fornicaba con los negritos a los que les daba pan a cambio de sus placeres, por demás también apuntan algunas lenguas prácticas sado-masoquistas, cosas y temas que no nos extrañan de este huraño sanguinario.

Y llegó, a todo cerdo le llega su San Martín, la Quebrada del Yuro y manchó sus pantalones, cobarde rendición entregando a los heridos en vez de cubrir su retirada con su vida, pero no, esta calaña de plañideras siempre salen intactos de los combates porque agachan sus boinas y mandan a morir a las tropas. Ya dirán palabras bonitas de ellos pero lo importante es salvar a Ernestito.

Y Barrientos, ¡Bravo presidente! dio la orden de acabar con la bestia. Muere este ciclista cobarde argentino suplicando por su vida: soy el Ché no me matéis, os sirvo mejor vivo. Modernamente los revisionistas de la historia al antojo de sus héroes de pacotilla braman y se ilusionan con que hubiese dicho “pongase serio que va a matar a un hombre” . ¿que hombre? ¿Donde estaba el hombre? Una cagarruta humana fue fusilada para el bien de la humanidad, cobarde, rastrero y mendigo. Un destructor de sociedades, un falsificador de esperanzas. Cuba sigue hoy padeciendo sus desmanes, sus locuras, sus ansias de poder y grandeza. Y Occidente se enriquece con la venta de los recuerdos de este mamarracho baratejo y bien muerto que está. Eterno desprecio al genocida argentino

Publicado en on Septiembre 5, 2008 at 3:00 pm Dejar un comentario

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